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Muchos de los inconvenientes que se mencionan en el uso de la tableta digital, tienen que ver con una de las peculiaridades técnicas del modelo elegido para llevar a cabo el proyecto Dedos, concretamente el  iPad, que no permite la visualización de archivos en Flash, cuando muchos de los objetos digitales de aprendizaje que circulan por la red y que los profesores utilizan de forma habitual, se han desarrollado en  ese formato. No parece un problema que tenga visos de solución, ya que la marca ha apostado por otro tipo de estándares, si bien existen aplicaciones como Skyfire,  que puede adquirirse en App Store,  y  algunos trucos para poder visualizar Flash en el iPad utilizando el programa TeamWiever
Otro de los inconvenientes que se apuntan es la inexistencia de un puerto USB.
A nivel operativo, la ausencia de un sistema de archivos y carpetas ordenados jerárquicamente, similar al que tienen los ordenadores (extremo éste solucionado en la versión 2  del iPad), han supuesto dificultades en el uso de la tableta tanto a los alumnos como a los profesores y una traba en la comunicación entre ambos colectivos que terminó solucionándose con la descarga de la aplicación Dropbox, que permite la sincronización entre la tableta y el ordenador personal.
Posiblemente, este inconveniente tenga que ver más con una forma de trabajar que está en vías de superación, puesto que se tiende hacia un nuevo paradigma: la computación en la nube (cloud computing), para el que las tabletas no presentan ninguna dificultad.

También se cita el problema que supone la desconfiguración de los documentos elaborados por el alumno cuando se exportan a otra tableta, al ordenador personal o a la plataforma del CEO Digital.  No olvidemos que la gran mayoría de los ordenadores personales funcionan con el sistema operativo de Windows, cuyas aplicaciones no son exactamente las mismas que las que cargan los dispositivos que hemos utilizado en la experiencia Dedos.  La comunicación entre tabletas, en lo que se refiere a la desconfiguración de los documentos, se soluciona con la actualización del sistema operativo, pero la exportación de un documento al ordenador personal sin problemas, únicamente se consigue si éste es de la misma marca que las tabletas.  En todo caso, tanto para profesores como para alumnos, ha sido necesario un proceso de adaptación a una herramienta novedosa, a su manejo, a sus posibilidades, a sus aplicaciones y a un sistema de trabajo diferente al habitual, lo que ha supuesto un esfuerzo considerable de dedicación tanto en el aula como en el domicilio particular.

Algunos profesores advierten de que la tableta digital puede ser una distracción para el alumno, precisamente por su versatilidad de uso y por la facilidad para moverse de una actividad a otra. De ahí que una parte de los docentes abogue por eliminar las posibilidades lúdicas del dispositivo, evitando de esta manera que los alumnos se entretengan con aplicaciones distintas a las que se sugieren para su uso académico. ¿Pero, hay alguna fórmula eficaz para conseguir esto? La pregunta me ha servido para retrotraerme unas décadas atrás hasta mi etapa escolar, en la que férreamente controlados y sin otros elementos a nuestro alcance que no fueran los estrictamente pedagógicos, éramos capaces de improvisar una máquina «Petaco» con dos lapiceros y una bolita de papel, de jugar a los barquitos con el compañero, o de cazar moscas al vuelo. Recuerdo incluso un día en el que el profesor desairado por tanto desplante en el auditorio, decidió bajar las persianas del aula para tratar de contener el espectáculo de la primavera que estallaba del otro lado del cristal y que nos atraía bastante más que sus explicaciones, acto inútil dado que ni siquiera recuerdo el tema que se estaba tratando en clase en aquel momento. En mi opinión, un alumno aburrido será capaz de abstraerse de lo que ocurre en el aula, sean cuales sean las dificultades que se le pongan, por lo que el mejor antídoto contra las distracciones indeseadas son las clases participativas y entretenidas. 

Cómo todos sabemos, el problema de las pérdidas de tiempo se traslada también al domicilio, y produce también cierto desasosiego en los padres, que no saben si su hijo está trabajando o jugando cuando utiliza la tableta, o lo que es lo mismo, se sienten desorientados e incluso extrañados de que el chaval se ponga a las tareas sin rechistar y sin levantarse del asiento.  La respuesta hay que buscarla en los propios alumnos, que reconocen que se distraen con la tableta e invierten más tiempo en la realización de las tareas encomendadas, pero por otra parte,  prefieren sin duda, hacer los deberes con ella, por lo que la de cal se compensa con la de arena. 

Otro inconveniente que se cita reiteradamente es el de los contenidos educativos, que están mayoritariamente en inglés y además son casi siempre de pago, o directamente, la inexistencia de los mismos para determinadas materias y niveles.

Hay otro aspecto a tener en cuenta y que tiene que ver con la ergonomía de la tableta. Se menciona la incomodidad para escribir textos largos con el teclado virtual, tema que ya fue tratado en un post dentro de este blog. Verdaderamente, la tableta no es un aparato pensado para la generación de contenidos, sino más bien para su consumo, por lo que hay algunas cosas, como el asunto de la escritura que dada su propia naturaleza tendrán difícil solución, a no ser que su superficie fuese también sensible a los trazos realizados con un estilete,  y pudiese utilizarse con un sistema de reconocimiento de escritura, aportando de esta manera un valor añadido para trabajar la psicomotricidad fina en el aula en las primeras etapas educativas. Pero, ese es un asunto que no nos corresponde a nosotros.