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Los libros de texto actuales, aunque vengan en pendrive (en el muerto Flash por mucho que se empeñen ciertas editoriales en mantenerlo vivo) o directamente se lean en PDF desde el servidor o con raquíticas expresiones de ejercicios, siguen manteniendo el mismo formato, el textual.

Aparecen ahora nuevos formatos de libro electrónico interactivo gracias, en su mayor parte, a la aparición de las tablets y del iPad en particular.

Pero el aprendizaje escolar, pasado y presente, está basado en la adquisición de contenidos que son trasmitidos en modo texto y en modo texto han de ser emitidos, son los típicos exámenes y «trabajos» de toda la vida.

Seguimos pensando en contenidos y no en capacidades y competencias por mucho que nos vendan la moto, no es posible hacer un aprendizaje basado en capacidades a nivel de bachillerato cuando en la selectividad sigue primando el contenido. En la misma linea podemos argumentar sobre el aprendizaje no basado en texto.

La cámara de fotos o la videocámara entraron hace más de veinte años en los centros de formación de docentes y están presentes en las escuelas -a través de las galerías de fotos de la Navidad o del festival del fin de curso- y sin embargo siguen sin ser parte esencial de la generación y emisión de conocimientos, aún cuando ya forman parte de nuestra vida diaria: sólo hay que ver el consumo diario de TV o el número de visitas en algunos de los portales más visitados en la Red.

En estos momentos, el 75% del tráfico que se genera en Internet proviene de contenidos audiovisuales, de los cuales, y gracias a plataformas como Youtube o Vimeo, el usuario final es parte realizadora y no solo pasiva.

En ese sentido, urge una faceta educomunicativa (ver artículo de Fran Iglesias: «de la reproducción a la educomunicación«) en el aprendizaje desde las primeras etapas educativas hasta la universidad. Y no entendida como área separada de conocimiento sino como parte innata y transversal presente en cada una de ellas.

El uso de tecnología audiovisual es esencial en el proceso de aprendizaje y como elemento generador final de experiencias. Tampoco se trata de que en vez de un examen les exijamos un video, pero si que éste forme parte de su arsenal comunicativo y expresivo, al mismo nivel que una presentación, un podcast de audio, un cómic o una animación por ordenador: diferentes formas de expresar por escrito, oral y visualmente un proyecto de construcción de conocimiento.

Pero ello implica una mayor transformación de lo que se hace en el aula, puesto que no se puede trabajar del mismo modo los contenidos; memorizarlos es simplemente volver a tropezar en la misma piedra.

Para ello, debemos contar con una filosofía de trabajo postulada bajo lo que se conoce como PBL, ayudarles a crear su propio PLE y enseñarles elementos tecnológicos sencillos (pero potentes) de usar que permitan una máxima expresión con un mínimo esfuerzo, no se trata de caer de nuevo en la tecnificación y estandarización durante el aprendizaje tecnológico.

En ese sentido, y una vez más, el iPad se presenta como el dispositivo claramente disruptivo en el aula, tanto frente al ordenador de siempre de la era PC (si, es cierto, estamos en la era postPC, aunque a algunos les cueste admitirlo, ¿me oye administración pública-escuela2.0?) como por otros tablets.

Es curioso que ya existiesen tablets con cámara de vídeo y fotos antes de la aparición del iPad, y no fuese hasta la aparición del iPad 2 cuando el hecho de generar vídeo ha tenido una forma definida y acertada básicamente porque, una vez más, no sólo se trata de hardware, sino de la combinación de éste con el software y de dotarlo de valor y servicios añadidos. Lo que no han conseguido otros.

Hace poco, al hablar de tablets y versando el discurso claramente hacia un «pro-Android» me argumentaron que lo importante es la conectividad, la capacidad de trabajar en red, la colaboración. 

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(imagen cortesía de Apple) 

Me hizo pensar… tanto que estuve unos cuantos días intentado darle forma a mi pensamiento para este artículo. Y, sin quitarle peso a la importancia del trabajo en red, de la colaboración, de la conectividad, no veo sin embargo que sea ni lo más importante ni que éste esté funcionando porque, como decía arriba, el trabajo colaborativo se realiza en modo texto, volvemos a la era Gütemberg si nos quedamos en ese peldaño.


Hay que seguir subiendo la escalera y esa escalera está construida en multilenguaje, en audiovisual y eso implica desarrollo creativo, personalización del mensaje, cuidado por la estética. Algo en lo que falla, a mi entender, la educación desde la infancia hasta la universidad.

Personalmente le doy mucho valor a la capacidad de generar experiencias audiovisuales en las que el alumnado es capaz de crear autónomamente un vehículo transmisor de conocimiento sin que ello exija un conocimiento profundo de la tecnología y del mismo modo le doy muchísimo valor al cuidado de la estética, las formas y la calidad del formato de salida de dicha expresión TIC.